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Natural de Cádiz, Antonio Reiné inicia su formación artística cursando el bachillerato de artes en la Escuela de Arte de su ciudad. Posteriormente se traslada a Granada, donde realiza el Grado Superior de Arte Aplicado a la Escultura.

En 2010 comienza el Grado en Bellas Artes en la Universidad de Salamanca, donde cursa los dos primeros años. Para su tercer curso obtiene la Beca Erasmus, que le permite estudiar en la Accademia delle Belle Arti de Roma. Durante este periodo entra en contacto directo con la escultura clásica y barroca italiana, estudiando de primera mano la obra de Miguel Ángel, Bernini y los escultores de la statuaria italiana ottocentesca. En su último año de carrera obtiene la Beca SICUE para completar sus estudios en Sevilla, donde se gradúa en 2014, culminando así un recorrido formativo marcado por la diversidad y el espíritu cosmopolita.

Su trabajo gira en torno a la figura humana, tomando como referencia desde la escultura clásica griega hasta la modernidad. Siente una profunda predilección por el desnudo y tiene presente la idea socrática de que los artistas deben representar los “movimientos del alma” a través de la observación de cómo los sentimientos afectan al cuerpo en acción. Por ello, el estudio de la anatomía se convierte en el eje vertebrador de su trabajo: “Resulta crucial el conocimiento riguroso de las estructuras anatómicas para ser convincentes y conectar con el espectador”.

Sus figuras abarcan todo el espectro de las emociones humanas —desde la agonía o el dolor hasta el éxtasis o la introspección—, estableciendo un diálogo directo con quien las contempla.

Entiende la observación del natural como punto de partida, no como meta: “Pondero o atenúo las formas en función de la expresión que busco, utilizando el significado emocional intrínseco de estas en lugar de limitarme a su valor representacional”.

Su obra se mueve entre lo lineal y lo pictórico, entre la forma abierta y la cerrada, buscando siempre un equilibrio entre el todo y las partes, sin perder de vista lo que para él es esencial: la expresión del sentimiento. Es uno de los pocos escultores del panorama español que trabaja el mármol dentro de un lenguaje figurativo-realista. Su estudio constante de los grandes maestros le ha permitido dominar esta materia con notable virtuosismo, logrando que la piedra adquiera la apariencia de tela, cabello o piel.

“Busco que mi obra hable por sí sola un lenguaje universal, legible para todo el mundo sin necesidad de agregar explicaciones. Rehúyo los dictados de modas pasajeras, los detalles anecdóticos o los códigos de lenguaje caducos. En su lugar, persigo la expresión de verdades atemporales, cuyo mensaje nunca se agote.”